Los Ancianos

Los Ancianos

La vida es más corta de lo que pensamos y, si tenemos la fortuna de vivir superando siete u ocho décadas, seremos ancianos.

Dicen que, nunca nos vamos a dormir sin haber aprendido algo nuevo. Por lo tanto, si cada año tiene 365 días, setenta años de vida nos regalan, al menos, 25.550 aprendizajes. Pero no sólo eso, alcanzar el invierno de nuestras vidas significa haber afrontado infinidad de situaciones. Unas mejores que otras y, bien canalizadas, llevan a la persona a esa sabiduría que viene implícita con experiencia de la edad.

Lamentablemente, vivimos en una sociedad donde el despilfarro, el consumo inconsciente, las prisas, la loca e insana competencia por ser los mejores en todo, los más jóvenes, los más guapos, los más delgados, los más ricos y listos, ha hecho que ser anciano esté demodé.

Es terrible que podamos llegar a olvidar en un santiamén que, esas personas que hoy en día caminan ya algo encorvadas, no hace tanto tiempo, eran jóvenes que también se querían comer la vida a bocados. Parejas enamoradas con la ilusión de formar familia. Ellos velaron por nuestro bienestar. Ellos no escatimaron en esfuerzos diarios, por sacar no sólo a sus hijos adelante sino a todo un país, contra viento y marea.

Y ahora ¿qué?…

Ahora, podemos agradecer con creces lo mucho que nos dieron. Ahora podríamos ser los cuidadores de nuestros cuidadores. Formen parte o no de nuestro árbol genealógico, les debemos un respeto, porque una sociedad la forman todas las personas que viven en ella y no olvidemos, además, que la generación de los años 30 vivió la dureza de la guerra y la posguerra.

Si por un momento parásemos el ritmo frenético con el que vivimos hoy en día, si por un momento respirásemos hondo e hiciésemos el ejercicio de vernos viejos y desvalidos, quizá podríamos proveer a este, a veces minúsculo mundo, de mucha más grandeza.

¡Cuánto podríamos aprender de nuestros mayores!

La sociedad de las prisas nos ha convertido en seres egoístas, parecemos pensar sólo en el hacer y el tener y nos olvidamos de lo más importante: El Ser. Lo mucho que ellos nos podrían aportar si fuésemos capaces de darles la oportunidad y nosotros descubrirlo entre sus valiosas enseñanzas.

¿Tienes un anciano dependiente a tu cargo? Pues, créeme, estás de suerte.

Al igual que tú, ellos, una vez, fueron niños que jugaban y reían, adolescentes con muchos sueños de vida, padres que trajeron a este mundo hijos sin ese famoso manual de instrucciones y todos ellos, lo hicieron lo mejor que supieron y pudieron.

Todos los seres humanos acarreamos alguna espina clavada de nuestra tierna infancia, ellos también. Porque si cada uno de nosotros pudiésemos diseñar nuestra vida diferente, todos lo haríamos, ellos también. Así pues, te invito a que hagas el ejercicio de conocer al niño y niña que fueron. Observa dónde, cómo y cuándo crecieron. Observa todas las limitaciones que barajaron en su día a día y, también observa que todo aquello que dieron, fue para que las siguientes generaciones no tuviesen que lidiar con tanta dureza. Perdónalos, pero mejor aún, perdónate.

No hay amor sin perdón y no hay perdón sin amor. ~Bryan H. McGill

Agradece, porque nuestra vida es la que es por todo aquello en lo que nos enfocamos. El agradecimiento es el gran antídoto de los reproches y el rencor y todos tenemos cosas que agradecer. Deja que aflore en ti el ser de luz que llevas dentro. Respira hondo y mira en tu corazón. Retrocede en el tiempo. Recuerda los aromas del hogar, la frescura de esas sábanas limpias, perfectamente planchadas. Recuerda esos momentos familiares alrededor de la mesa, con lo mucho o lo poco que hubiese. Ahí estabais todos, conversando, riendo e incluso discutiendo.

Muchos hemos articulado la prepotencia: “Cuando yo tenga hijos esto no lo haré” y luego llegan los hijos y nos plantifican el espejo en las narices. Pues, igual que nosotros se lo hicimos a nuestros padres, ellos se lo hicieron a sus padres.

¡Qué círculo vicioso! ¿eh?

Aparta de tu mente esa cacofonía rayada que tanto daño te hace a ti y a los que te rodean. Porque sólo con una mente en silencio y esa actitud infantil de descubrimiento y sorpresa de la que probablemente ya ni te acuerdes, podrás ver quién hay detrás de ese anciano desvalido que tanto te necesita. Porque gracias a esa persona y, otros muchos de su generación, estás tú aquí, en la Europa de las libertades.

Mírale a los ojos, toma su mano con cariño, pídele que te cuente historias. Seguro que puedes apartar la rutina diaria por unos minutos y ESCUCHAR, APRENDER, porque como digo, si vives para contarlo, en no muchos años serás tú esa persona dependiente que no quiere ser aparcada en un rincón como un cacharro viejo.

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18 pensamientos sobre “Los Ancianos”

  1. Cuanta razón Montse!! Es importante tener esa referencia en todas las familias y ser consciente y acompañar el final, pues nos han acompañado en nuestro comienzo. Nosotros hemos tenido la oportunidad de acompañar hasta el final a mi abuela, mi padre es hijo único, y ha sido algo muy reconfortante, pues mi abuela se fue amada y acompañada, toda una suerte!!
    Necesitamos más personas como tu que pongan en valor esa parte de la vida!
    Gracias por compartir tu sabiduría.
    Un abrazo enorme

  2. Verdaderamente esto es algo que nuestra sociedad debe repasar, porque nos perdemos en la logística del día a día y perdemos en norte de lo más importante que tenemos: La Vida y El Amor Verdadero. Gracias por dedicar tu vida a nuestros ancianos y aquellos que ponen esfuerzo, sangre, sudor y seguro que lágrimas por hacer que NUESTROS días en esta experiencia sean más confortables.

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